
Hijo del rey de Tracia y de la Musa Calíope, Orfeo es un héroe atípico porque no basa su poder en la fuerza de las armas, sino en la capacidad de seducción de su canto, conocidas son sus hazañas con fieras, tempestades e incluso rocas; era capaz de amansar a las primeras, calmar a las segundas y conmover a las terceras. Gracias a esa capacidad pudo salvar del naufragio a la expedición de los argonautas, proteger a los marineros de la nave argos frente al canto hechizero de las sirenas y lo más admirable de todo, provocar el intento de movimiento en las rocas de un desfiladero que, habiendo oído su canto al pasar, intentaron seguirlo.
El episodio más célebre del mito de Orfeo es su descenso al Hades. Recién casado con su amada Eurídice, la pierde cuando ésta es mordida por una serpiente mientras huye de la persecución del pastor Aristeo. Afligido por la gran pérdida, se decide a ir en su busca al mismísimo Hades, donde no podía entrar ningún mortal aunque algunos héroes como Hercules o Eneas lo consiguieron. Orfeo conmueve a los dioses del mundo de ultratumba con su canto y consigue que le dejen llevarse a Eurídice con una condición: que no vuelva la cabeza para mirarla hasta que no la haya conducido al exterior del lugar. Cuando están a punto de salir del Hades, Orfeo no puede resistir la duda de si su mujer lo está siguiendo y vuelve la cara para comprobarlo, por lo cual Eurídice desaparece para siempre en el dominio de los muertos.


